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Obras de arte creadas por la Inteligencia Artificial: ¿tienen el carácter de creativas?

      
Fuente: Flickr

No es nuevo que la Inteligencia Artificial (IA) está creando obras de arte porque ya lleva un tiempo haciéndolo; pero a pesar de que no es un tema tan reciente, el debate sobre el potencial de las máquinas para crear obras y si éstas tienen o no el carácter de creativas y artísticas está planteado sin llegar a un consenso al respecto.


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Si bien desde 1973 existe un programa llamado AARON que ha creado varias piezas artísticas como cuadros con la colaboración del pintor, profesor de la Universidad de California en San Diego (EE.UU) y ex representante de la Bienal de Venecia, Harold Cohen, en el último tiempo otros softwares han demostrado lo que son capaces de hacer interviniendo imágenes con distintos tipos de información que reciben.

 

Pero además el arte informático traspasó las pantallas para llegar a la Galería Oberkampf de París, donde en 2013 se realizó una muestra con varias piezas generadas en el correr de varios años; piezas dónde el autor es un programa informático llamado “The Painting Fool”, traducido como “el pintor tonto”. Este es un software ideado por el profesor de creatividad computacional de la Universidad Goldsmiths de Londres, Simon Colton.

 

Colton asegura que para que los programas sean considerados creativos deben demostrar que pueden producir obras “de forma diestra, comprensiva (sensibilidad frente a las emociones) e imaginativa”, superando una prueba distinta a la Turing, la que mediante el ensayo “Computing Machinery and Intelligence” planteado por el lógico matemático e informático Alan Turing en 1950 quiso demostrar la capacidad de “pensar” de las máquinas, diseñando esta demostración dónde las máquinas eran capaces de conversar (mediante texto escrito) de forma similar a un humano.

 

“¿Existirán computadoras digitales imaginables que tengan un buen desempeño en el juego de imitación?”. Esta pregunta se la realizó Turing en 1950; pero si bien la suya fue una prueba inicial fundamental en el concepto de inteligencia artificial, 66 años después el debate sigue vigente. Las respuestas acerca de cuál es el potencial de las máquinas y si (independientemente de la calidad) las obras pueden ser consideradas piezas artísticas y creativas no encuentran un único punto de vista.

En una obra de arte creada a través de una máquina, ¿de quién es la autoría? 

Cuando The Painting Fool hizo su exposición en la Galería de París se dio el gusto de retratar a varios de los participantes en distintos estados de ánimo, fijados de acuerdo a palabras claves obtenidas de algunos artículos que el software había leído en The Guardian. Los artículos no estaban sesgados, pero Colton programó la máquina para que se negara a pintar si el tráfico de noticias era demasiado negativo. The Painting Fool pintó tal como hubiera pintado un artista de carne y hueso, con la diferencia de que quien lo hacía es una computadora. 

 

En otra ocasión The Painting Fool leyó un artículo sobre la guerra de Afganistán en The Guardian y realizó un collage sobre este tema, tomando como referencia lo que le “inspiraban” palabras claves como “OTAN”, “tropas” y “británico”. La composición presenta grandes manchas cálidas en color rojo y naranja (lo que se podría pensar que simula el fuego y la sangre) en el centro de la obra, con una imagen que pretende reflejar el contenido y estado de ánimo del artículo.

 

Al igual que sucedía en el Renacimiento donde los maestros tenían sus aprendices que seguían sus instrucciones para pintar, tanto The Painting Food (quién se define a sí mismo como un “aspirante a pintor”) como AARON (de Cohen) “toman las instrucciones” de sus maestros para crear sus obras.

 

En una conferencia de 2010, Cohen se planteó la siguiente pregunta: “¿No resulta obvio que AARON era creativo?”, llegando a la conclusión de que “Sin más aportación por mi parte puede generar un sinfín de imágenes. Es mucho mejor colorista de lo que yo fui nunca, y suele hacer todo esto mientras yo estoy en la cama”, argumentando que su contribución al respecto fue escribir el programa, pero sin embargo “No es del todo correcto afirmar que el programa simplemente sigue las reglas que yo le proporcioné. El programa son las reglas”.

 

Pero ante la pregunta de si podría ser una máquina tan creativa como lo han sido los grandes maestros de la pintura, Cohen piensa que para que esto suceda el robot tendría que generar un sentido de identidad. Además si bien el proceso artístico incluye factores de interacciones sociales, históricas y emocionales del artista, Cohen opina que por más que las máquinas no llegaran a lograr esta sensibilidad “no significa que las máquinas no tengan un papel que desempeñar con respecto a la creatividad”.

 

Los sueños psicodélicos de Google

Google dio a conocer recientemente una serie de imágenes que se han generado en sus Redes Neurales Artificiales a través de un software de reconocimiento de imágenes. Se trata de un software que fue programado para generar imágenes tomando como disparador millones de figuras almacenadas bajo las etiquetas de “gato”, “silla”, “vaca” y cosas del estilo. Bajo “libre asociación” y luego asociaciones reforzadas a través de bucles de retroalimentación (feedback loops), las computadoras arrojaron imágenes totalmente psicodélicas de animales, edificios y paisajes. Y la pregunta que surge al respecto es, ¿de quién es la autoría de las imágenes, de los programadores o de las asociaciones del software?



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Camila Siqueira Menéndez

Camila Siqueira

Redactora fanática de la comunicación, la música, la radio y desde un tiempo a esta parte, también de las series

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