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¿Qué es la disgrafía?

      

La disgrafía es un trastorno de aprendizaje que afecta el proceso de escritura, provocando una letra defectuosa en su forma y trazado. Es un trastorno que no se relaciona con una lesión cerebral, sensorial ni con una deficiencia intelectual, pero dificulta el acto de escribir y acarrea con esto problemas de ortografía y la dificultad de poner las ideas por escrito.


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Las personas con disgrafía encuentran problemas a la hora de organizar las letras, números y palabras en un renglón o espacio de página. Puede deberse a dificultades ópticas espaciales (es decir problemas para procesar lo que el ojo ve) o a dificultades para procesar el lenguaje, (la dificultad de procesar lo que se oye).

 

Existen dos tipos de disgrafía: la disgrafía motriz y la disgrafía específica. La motriz es la que provoca los trastornos psicomotores en un niño, el que comprende la relación entre los sonidos escuchados e incluso los pronuncia a la perfección pero sin embargo no logra poder escribirlos debido a una motricidad deficiente. El niño disgráfico motor se manifiesta con lentitud, movimientos gráficos disociados, signos gráficos que no pueden diferenciarse, manejo incorrecto del lápiz y mala postura al escribir.

 

Por otro lado, la disgrafía específica se trata de la dificultad de reproducir las letras o palabras y no por un trastorno únicamente motor, sino que se da por una mala percepción de formas, desorientación espacial y temporal y trastornos de ritmo, entre otros. Afecta a la motricidad fina presentando rigidez en la escritura, tensión al intentar controlarla, grafismo suelto con escritura irregular, impulsividad, deficiente organización de una página, letras difusas, lentitud y motricidad entre otras características.

 

¿Cómo puede tratarse la disgrafía?

Los docentes pueden ayudar a los niños con disgrafía cuidando ciertos aspectos que busquen mejorar la escritura de los alumnos. Por ejemplo, enseñándoles cual es la posición correcta para escribir (bien sentados con la espalda en el respaldo de la silla), acercando la silla a la mesa, cuidando de que no acerquen mucho la cabeza a la hoja y que no muevan el papel continuamente o enseñando la manera correcta de agarrar el lápiz, entre otras sugerencias. De todas maneras, cada caso debe ser observado de forma individual y de ahí planear una estrategia de acuerdo al tipo de disgrafía que tenga el niño.


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